Mi nombre es Yhanna y soy asesora de salud.
Inflamación de bajo grado: el asesino secreto
Ilustración de Kasia Bogdanska

La inflamación de bajo grado está presente en la mayoría de problemas de autoinmunidad y puede desencadenar tanto fatiga adrenal como disfunción inmunitaria.

Pero no sólo eso. Esta inflamación silenciosa constituye la base de muchos de los problemas de salud de la sociedad moderna.Tanto es así que ocupó la portada de la revista time, en febrero de 2004, bajo el nombre: «The secret Killer» .

Tipos de inflamación

Inflamación aguda

La inflamación aguda aparece en situaciones como golpes, lesiones, heridas o quemaduras. Se caracteriza por aumento de líquido en la zona, dolor y enrojecimiento.

Este tipo de inflamación suele ser localizada en un punto o una zona y se resuelve en pocos días. Es un tipo de inflamación fisiológica. El cuerpo envía más sangre a la zona para poder luchar contra infecciones o reparar los tejidos lesionados.

Por otra parte, el dolor nos sirve para dar reposo al cuerpo y no forzarlo más de la cuenta. Es decir, si te tuerces un tobillo, el dolor te dirá hasta que punto puedes moverlo mientras se va curando.

Inflamación crónica

La inflamación crónica hace referencia a cambios estructurales y funcionales en determinados tejidos que se mantienen a lo largo del tiempo. Por ejemplo una gastritis crónica por exposición continuada a tóxicos, irritantes o ciertos medicamentos.

Inflamación de bajo grado

La inflamación de bajo grado es aquella que no se corresponde con una inflamación aguda ni crónica al uso, pero que repercute en todo el organismo. Se puede manifestar de muchas formas: dolor de articulaciones, dolor de cabeza, hipertensión arterial, etc.

Este tipo de inflamación puede dar lugar a un amplio abanico de síntomas que en su mayoría están relacionados con el metabolismo, como por ejemplo la resistencia a la insulina. La inflamación de bajo grado se caracteriza porque no hay cambios en el tejido y las únicas alteraciones observables son a nivel inmunológico.

Además, la inflamación de bajo grado no es localizada, sino que afecta a todo el cuerpo y es de curso crónico, ya que no alcanza un grado suficiente como para activar las vías metabólicas de resolución de la inflamación.

Causas de la inflamación de bajo grado

El organismo siempre tiende a la homeostasis, es decir, a mantener un equilibrio para que las células trabajen correctamente. Cualquier cambio en el medio extracelular (el líquido que baña a las células) va a alterar el metabolismo celular, generando inflamación gracias a la liberación de unos mensajeros químicos llamados citoquinas. Esta inflamación, en realidad, es un intento del cuerpo de adaptarse a la nueva situación.

Hay muchos factores que pueden causar estrés a nivel celular, veamos algunos de los más frecuentes:

Sedentarismo

Imagen de photosforyou en Pixabay

Estamos diseñados para movernos. Hemos pasado decenas de miles de años de evolución en movimiento para cazar, recolectar, cultivar, buscar agua, etc.

El ejercicio regular mejora la sensibilidad periférica a la insulina, oxigena los tejidos y permite una mejor eliminación de toxinas metabólicas.

Si te pasas 8 horas sentado/a en una oficina, 1 o 2 comiendo, 8 en la cama y las que quedan, espachurrado/a en el sofá, todo este diseño evolutivo se va al traste.

Dieta inadecuada

Se sabe que la dieta juega un papel importante y significativo en la regulación de la inflamación crónica.

Existe una asociación inversa entre el consumo de frutas y verduras y marcadores inflamatorios como la PCR, la IL-6 y el TNF-α. La dieta «occidental», que es alta en carnes rojas procesadas, productos lácteos, cereales refinados y carbohidratos simples, se ha asociado con niveles más altos de PCR e IL-6.

Por otro lado, la dieta mediterránea, que es alta en cereales enteros, pescado, frutas y vegetales verdes, con un consumo moderado aceite de oliva, se ha asociado con niveles más bajos de inflamación. Las dietas ricas en frutas y verduras se han asociado con niveles más bajos de PCR.

Nutrientes específicos como PUFAs (ácidos grasos poliinsaturados), fibra, vitamina E, vitamina C, β-caroteno y magnesio también han demostrado consistentemente estar asociados con niveles más bajos de inflamación.

Obesidad

obesidad
Imagen de Adina Voicu en Pixabay

Ante un balance calórtico positivo, el excedente de energía va acumularse en forma de lípidos en el interior de los adipocitos (células de reserva de grasa). A medida que estos aumentan en tamaño y número se producen daños en el tejido que van a provocar una cascada de señalización intracelular de «alerta» con activación de diversas citoquinas inflamatorias.

Estos mediadores atraen gradualmente células inmunológicas. Y claro, las células que acuden ya lo hacen «avisadas» de que algo pasa y preparadas para la acción. Vamos a encontrar entonces macrófagos con fenotipo M1 (proinflamatorio), una relación de linfocitos T CD8/CD4 positiva y una disminución de linfocitos T reguladores (cuyo papel es apaciguar los ánimos del resto).

Dentro de este escenario, las citocinas proinflamatorias producidas por los adipocitos y/o macrófagos activan señales de estrés que provocan resistencia a la insulina como un mecanismo de protección.

Estrés crónico

Tampoco estamos hechos para vivir estados de estrés constante. En el trabajo tenemos un jefe/a que nos aprieta, vamos apurados para poder pagar los recibos, nos enfrentamos a atascos de tráfico, etc. El estrés hace que se segregue noradrenalina y esta hace que se genere una respuesta inflamatoria para que nuestro sistema inmunitario esté alerta.

Nuestro cuerpo está preparado para estos estados de estrés momentáneos como el escapar corriendo de un depredador que nos quiere comer, pero no para este estado crónico actual, ya que este hace que tengamos el sistema inmunitario en permanente alerta. Y ya hemos visto que un sistema inmune alerta a largo plazo promueve la inflamación.

Tóxicos ambientales

tóxicos ambientales
Imagen de ritaE en Pixabay

Los tóxicos presentes en la contaminación ambiental, así como aquellos que también ingresan en el organismo por hábitos como el tabaco, el alcohol, pesticidas, productos cosméticos y de limpieza, entre otros, se acumulan en el organismo cuando su saturación impide que el sistema excretor y linfático puedan eliminarlos correctamente.

Estas toxinas incrementan significativamente el estrés oxidativo a nivel celular y, en respuesta a este, se produce inflamación.

Además, ciertas toxinas (especialmente las derivadas de la combustión) inhiben las vías de resolución de la inflamación por mecanismos epigenéticos. Es decir, que impiden que se expresen aquellos genes encargados de resolver la inflamación.

Alteración de los ritmos circadianos

Los ritmos circadianos son nuestro reloj biológico. Cuando amanece y nos exponemos a la luz solar, segregamos ciertas hormonas como el cortisol, que nos mantienen activos. En cambio, en ausencia de luz fabricamos melatonina, una hormona que regula el sueño y la regeneración de tejidos durante la noche.

La melatonina se produce en la glándula pineal, la piel, la retina y la médula ósea. Tenemos receptores para esta hormona en el sistema nervioso, cardiovascular, reproductivo y gastrointestinal. Además de favorecer la secreción de hormona del crecimiento (GH) para reparar tejidos, es antiinflamatoria, inmunomoduladora y antioxidante.

Si no respetamos los ritmos circadianos, nos vamos a dormir a las 2 de la madrugada mirando la televisión y después por la mañana necesitamos un café para activarnos de manera artificial, si durante el día no nos da el sol y por la noche estamos expuestos a luz artificial, tablets, TV, etc. estos ritmos naturales se alteran y se favorece la inflamación de bajo grado.

Consecuencias de la inflamación crónica de bajo grado

inflamación de bajo grado

Los efectos de la inflamación de bajo grado van desde el cáncer y las enfermedades autoinmunes hasta la hipertensión y la arteriosclerosis, pasando por la depresión y enfermedades neurodegenerativas. Voy a centrarme en las tres que más encajan con el contenido de este blog.

Resistencia a la insulina

Se ha visto que la inflamación crónica de bajo grado, genera una resistencia periférica de los receptores para insulina. En otras palabras, la consecuencia directa es una resistencia a la insulina que va a ralentizar el metabolismo. A su vez, la resistencia a la insulina perpetúa la inflamación, lo que nos lleva a un círculo vicioso.

Este estado provoca trastornos en la utilización de glucosa por parte de las células y altera su metabolismo a nivel hepático. Como consecuencia, también se verá afectado el metabolismo de las grasas, generándose las alteraciones características del llamado «síndrome metabólico»: hipertrigliceridemia e hipercolesterolemia.

También la hipertensión se relaciona con diferentes mecanismos como consecuencia de alteraciones en la vía de la insulina y en la regulación del sistema nervioso vegetativo.

Además de las repercusiones en el desarrollo de la aterosclerosis y la enfermedad cardiovascular, en los últimos años se han relacionado el síndrome metabólico y la resistencia a la insulina con otras enfermedades, como el hígado graso no alcohólico y el síndrome del ovario poliquístico.

Fatiga crónica

Existen varios mecanismos por los cuales una inflamación de bajo grado, a la larga, puede desencadenar fatiga. Por un lado, si el sistema inmune está siempre alerta va a «robar energía» de otros sistemas, pues nuestro cuerpo interpreta que está siendo amenazado y combatir esa amenaza es su prioridad.

Si se mantiene una resistencia a la insulina en el tiempo, especialmente si esta va asociada a un sobrepeso, va a derivar en resistencia a otra hormona llamada leptina. Una de las consecuencias de la resistencia a la leptina es una sensación constante de agotamiento. En estos casos también se pierde la sensación de saciedad, por lo que es típico tener siempre sensación de hambre.

Hay un factor más que me gustaría mencionar que tiene que ver con las hormonas tiroideas. Nuestro cuerpo fabrica dos tipos de hormonas tiroideas: T4 y T3. Fabricamos mucha más T4 pero la hormona metabólicamente activa es la T3. La hormona T4 debe convertirse en T3 en los tejidos, pero en un ambiente inflamatorio, esta conversión no se realiza correctamente. Ello da lugar a un metabolismo más lento y a sensación de cansancio, aún cuando en las analíticas la TSH y la T4 salgan dentro de los valores normales.

Errores inmunitarios

Al principìo de este post decíamos que la inflamación es una de las primeras respuestas del sistema inmunitario ante una infección o lesión; la inflamación es estimulada por la liberación de mensajeros químicos y sirve para establecer una barrera física contra la propagación de la infección, y para promover la recuperación de los tejidos dañados.

Es fácil imaginarnos las distintas células inmunitarias como diferentes tipos de «soldados» que nos defienden contra los malos. En realidad tendríamos soldados, policía especializada, guardabosques…pues cada célula tiene su papel y todos son importantes.

Ahora imagínate que estos defensores están en constante estado de alerta, cansados, nerviosos y con privación de sueño. ¿Te parecería raro que cometan errores? ¡Seguro que no! Pues esa en gran parte es la base de errores inmunitarios como las alergias, las enfermedades autoinmunes o incluso el cáncer.

En la alergia, los defensores responden exageradamente ante partículas inocuas como el polen o el pelo de gato. Si hablamos de autoinmunidad los soldados se confunden y nos atacan a nosotros mismos. En el cáncer, a los defensores se les pasan por alto células tumorales y no las destruyen, por lo que siguen proliferando a sus anchas.

¿Te identificas con alguna de estas situaciones?

Esta entrada tiene 2 comentarios

  1. Un artículo muy potente y de gran calidad, Yhanna!
    La inflamación es la madre de todos los males, verdad?
    Es imprescindible conocer sus modos de acción y qué podemos hacer para combatirla.
    Muchas gracias por transmitir tus conocimientos!

    1. Gracias Alice, bonita!
      Desde luego que sí, lo es. Por eso me parece importante darle visibilidad y que las personas conozcan sus indicativos para saber reconocerla y ponerle remedio.
      Un fuerte abrazo.

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