Mi nombre es Yhanna y soy asesora de salud.
Fases de la fatiga adrenal

¿Qué es la fatiga adrenal?

La falta de energía es una de las causas más comunes de consulta médica. A pesar de ser tan común, a menudo es difícil de diagnosticar, ya que son muchos los problemas de salud que pueden causar fatiga.

Los médicos ponen todo de su parte, un historial exhaustivo, exámenes físicos y pruebas de laboratorio. Pero nada. Muchas veces los resultados no explican la fatiga. Esto puede ser muy frustrante tanto para los pacientes como para los clínicos.

La fatiga suprarrenal, vincula la exposición al estrés con el agotamiento de la función suprarrenal, lo que podría explicar esta falta de energía.

La fatiga adrenal es una disfunción del eje HPA y se correspondería con la última etapa del llamado síndrome general de adaptación (SGA).

Eje HPA (hipotálamo-pituitaria-adrenales)

Este eje HPA es el ordenador central desde el que se gestiona la respuesta al estrés y conecta el sistema nervioso con el sistema endocrino.

Si entendemos el sistema HPA como un sistema jerárquico, arriba del todo tendríamos el hipotálamo, que sería el «emperador».

  1. El emperador supervisa todo lo que está pasando en el cuerpo y se lo comunica a sus “ministros” en la glándula pituitaria.
  2. Los ministros de la glándula pituitaria informan a los “funcionarios” del órgano diana para que estos ejecuten determinadas órdenes.
  3. Una vez se han cumplidas las órdenes, les llega un comunicado tanto a los ministros como al emperador. Entonces, se aprueba el cese de la operación. Mediante este sistema de feedback negativo, se consigue mantener un equilibrio u homeostasis.

En el caso que nos ocupa el órgano diana son las glándulas suprarrenales y su misión secretar hormonas para responder al estímulo estresor.

HPA2

Síndrome general de adaptación

La «supervivencia del más apto» es una frase que todos asociamos a la teoría evolutiva de Charles Darwin. Otros intérpretes consideran que la traducción más correcta sería la “supervivencia del mejor adaptado”.

Y el estrés fisiológico o eustrés, el bueno (que existe), sirve precisamente para eso. Es un conjunto de reacciones que el organismo pone en marcha en respuesta a estímulos amenazadores. Estas respuestas pueden ser físicas, psíquicas o de conducta y sirven para adaptarse a la nueva condición.

Este mecanismo, que ha posibilitado nuestra supervivencia hasta hoy, puede resultar patogénico si su intensidad y/o duración sobrepasan los límites adaptativos. En este caso, hablamos de distrés o estrés perjudicial. 

Según el modelo propuesto por el Dr. Hans Selye, ante un estímulo que consideramos potencialmente estresante se suceden 3 etapas:

Fase de alarma

Cualquier alteración física o emocional consecuencia de haber detectado una amenaza, causa una reacción instantánea orientada a combatir esta situación. Esta respuesta recibe el nombre de reacción de «lucha o huida», y consiste en la liberación de adrenalina.

Esta hormona, va actuar dilatando los vasos sanguíneos, aumentando la frecuencia cardíaca y respiratoria y proporcionando energía a los músculos. Sobre el sistema nervioso el efecto de la adrenalina es mantenernos alerta y mejorar nuestros reflejos. Como ves, todo está perfectamente diseñado para enfrentar al peligro o bien para escapar de él.

En esta fase, el nivel de cortisol también se incrementa, moviliza las reservas de glucosa (sube el azúcar en sangre) e inhibe otros sistemas como el digestivo, el reproductor o el sistema inmunológico para ahorrar energía.

Si se supera con éxito la situación estresante, se pone fin al SGA. En cambio, si la situación de estrés perdura, al no poder mantener por mucho tiempo este esfuerzo extra, el organismo debe disminuir los recursos utilizados y pasamos a la segunda fase.

Fase de resistencia o adaptación

Esta etapa es engañosa, porque al mitigarse en parte la sintomatología de la fase anterior, nos puede dar la sensación de que estamos gestionando bien el estrés.

Lo que ocurre es que el cuerpo no puede mantener el estado de alarma por largos periodos y tanto las hormonas empiezan a descender sus niveles. Esto hace que el ritmo cardíaco y respiratorio, así como la sensación de «estar alerta» disminuyan.

En esta etapa, el organismo trata de adaptarse gracias un proceso llamado homeostasis, que busca una recuperación y reparación. No obstante, los niveles de hormonas se mantienen por encima de lo normal y, a largo plazo, esto puede llevar al agotamiento de las reservas del cuerpo.

Durante este estadío, pueden aparecer síntomas como irritabilidad, problemas para conciliar el sueño, contracturas musculares, jaquecas y falta de concentración mental.

Fase de agotamiento

Se produce cuando la exposición al estrés es continua en el tiempo o no se poseen suficientes recursos adaptativos para afrontarlo. Este segundo caso, englobaría el estrés infantil y también situaciones que nos puedan sobrepasar por su intensidad, aunque sean acotadas en el tiempo.

El organismo, ya sin recursos, termina perdiendo su capacidad de activación, pudiendo sucumbir a la enfermedad. Quedan afectados tanto el sistema nervioso, como el endocrino y el inmunológico. Los sintomas más típicos son: fatiga física, depresión, infecciones de repetición o brotes en caso de enfermedad autoinmune. Entramos en la fatiga adrenal.

SGA1

El papel del terapeuta

El elemento clave en esta respuesta al estrés que falta en nuestro paradigma de hoy en día es la recuperación. Estamos biológicamente diseñados para eventos estresantes puntuales como escapar de un león, pero no para el estrés recurrente.

Encontrarnos día a día eventos como atascos de tráfico, problemas familiares, presiones financieras y todo tipo de preocupaciones que nuestro cerebro interpreta como amenazas. Amenazas que no tienen solución a corto plazo. Estos factores pueden encadenarse y hacer que la respuesta al estrés se “active” todo el tiempo. ¡No tenemos tiempos de recuperación!

A esto hay que sumarle otros factores que desgastan nuestras suprarrenales. Especialmente aquellos que desajustan nuestros ritmos circadianos, como la iluminación artificial, la no exposición a la luz solar durante el día o la falta de sueño.

ritmos circadianos 1*

Como profesionales, es importante educar al cliente para que identifique y disminuya los factores estresantes en su vida. Además, podemos ayudar resolviendo las carencias nutricionales inducidas por el estrés, incluida la vitamina C, el ácido pantoténico o el magnesio. También regulando los ritmos circadianos y apoyando la función suprarrenal con plantas adaptógenas que elegiremos según la persona y sus circunstancias. En próximas entradas hablaremos de todos estos puntos.

 

 

 

Deja un comentario

Cerrar menú