Mi nombre es Yhanna y soy asesora de salud.
Relación entre el estrés y el sistema inmune

El estrés psicológico se ha relacionado con una desregulación del sistema inmunológico. Si padeces alguna enfermedad autoinmune, como por ejemplo psoriasis, seguro que te has dado cuenta de que el cuadro empeora en etapas de mayor estrés. Era un conocimiento intuitivo, pero por fin la ciencia empieza a comprender los mecanismos por los cuales esto ocurre y el porqué los efectos no son los mismos en todas las situaciones o poblaciones. Hay una máxima en PNI que dice «todo depende del contexto» y este caso no iba a ser menos, así que vamos a profundizar en ello para poder entender como nos afecta el estrés.

¿Estrés crónico, agudo o temprano?

El estrés es un concepto amplio que comprende circunstancias desafiantes o difíciles (factores de estrés) o la respuesta fisiológica o psicológica a tales circunstancias (respuestas al estrés). En los seres humanos, uno de los sistemas que responde a estas circunstancias difíciles es el sistema inmunológico.

En situaciones de estrés agudo, (pongamos un «susto» que dura unos minutos), ciertos tipos de células inmunitarias se movilizan a la espera de si vamos a «luchar o huir», por si ocurren lesiones o infecciones que hubiese que reparar. Otra de las cosas que ocurren durante el estrés agudo, es un aumento de citoquinas inflamatorias (unos mensajeros químicos que orquestran la respuesta inmunitaria). Esto es lógico y bueno, ya que es una forma eficiente de preparar al cuerpo.

En el estrés crónico que dura desde días hasta años, también observamos niveles altos de citoquinas proinflamatorias, pero con consecuencias para la salud potencialmente diferentes, ya que en este caso, no tiene un sentido lógico. La inflamación es una respuesta necesaria a corto plazo para eliminar patógenos e iniciar la curación, pero la inflamación sistémica crónica representa una desregulación del sistema inmunitario y aumenta el riesgo de enfermedades crónicas. Otra consecuencia del estrés crónico es la activación de virus latentes, lo que nos estaría indicando que el sistema inmune ha perdido el control.

Curiosamente, estas respuestas pueden no ser las mismas para todos. Se ha visto que personas que han sufrido estrés en edades tempranas (malos tratos, problemas familiares, situaciones de exclusión social o bullying, entre otros) tienen una peor adaptación al estrés en la etapa adulta y muestran reacciones exageradas ante estímulos estresantes.

Costes energéticos del estrés

El estrés es caro para nuestro organismo, es decir, demanda mucha energía. Cuando el cerebro se pone en alerta ante lo que él considera que es un peligro, esto se convierte en la máxima prioridad y, si hace falta, le «roba» energía a otros sistemas, como el endocrino o el inmunitario. Por tanto, tanto el estrés crónico como la mala adaptación al mismo, va repercutir en un sistema inmune con menos capacidad de resolución de problemas.

En los primeros tiempos de la historia humana, muchos factores estresantes eran potencialmente mortales: el ejemplo típico para ilustrar esto es el peligro de ser comidos por un depredador. La supervivencia a estas situaciones fue posible gracias a que se invirtió mucha energía en desarrollar una respuesta de lucha o huída; incluyendo los costes de sanar posibles infecciones derivadas de las heridas.

Pero ante otros tipos de estímulos estresores como por ejemplo ser excluídos de la tribu, que podían resultar en una menor disponibilidad de alimento, estos grandes costes habrían sido contraproducentes. Por tanto, en algunos casos, la disminución de la respuesta inmunitaria y sus costes, podría haber sido una adaptación evolutiva.

Esto explicaría el porqué ante un estrés crónico (por ejemplo problemas de pareja o en el trabajo), hay una «retirada de fondos» de la cuenta bancaria energética destinada al sistema inmunitario.

Como repercute el estrés en el sistema inmune

Ya hemos dicho que el estrés, por un lado, mantiene al sistema inmune en alerta constante y, por otro lado, al quitarle energía las respuestas inmunitarias van a ser disfuncionales.

Una función inmune alterada, puede empeorar los síntomas de ciertas condiciones, por ejemplo en el caso del síndrome del intestino irritable. Se ha comprobado que unos niveles de cortisol elevados en el tiempo se asocia a un aumento de síntomas gastrointestinales.

También se ha demostrado que el estrés crónico aumenta el riesgo de desarrollar enfermedades autoinmunes. Las personas con enfermedad autoinmune tienen dificultades para regular sus respuestas inmunitarias después de la exposición a factores estresantes. Es por ello que en este tipo de trastornos, se considera al estrés como un «disparador», ya que la liberación de moléculas inflamatorias sostiene y perpetúa el estado de alerta.

Aún se están estudiando los mecanismos por los cuales esto ocurre, pero siendo optimistas, conocer esta relación nos ofrece una herramienta terapéutica más, ya que podemos mejorar la calidad de vida de la persona a través de técnicas de gestión del estrés.

Si te interesa, puedes consultar estudios sobre esta temática en las referencias que aparecen al pie del siguiente enlace.

Deja un comentario

Cerrar menú